martes, 30 de octubre de 2012
Escribo tu nombre más veces de las que le borro. A veces.
Non para de llover
Pensar en ti
es como desnudarse delante de un precipicio
lleno de niebla
y mirar abajo,
quiero decir,
que para hacerlo
es necesario despojarse
de las dudas y los miedos
y rendirse a la evidencia de que
el vértigo solo es una excusa
para no aceptar
que la caída es lo único que nos puede salvar.
Pensarte es un atentado
contra las alturas,
es inmolarse
gritando tu nombre
a todos los motivos que me hacen huir,
de ti,
es, cómo decirlo,
como ver llover y abrir la boca
a pesar del pánico a morir ahogada,
no sea que entre tanto agua
se cuele tu saliva,
es como poner la mejilla
cuando se aproximan hostias llenas de nostalgia
y quedarte con el alma llena de polvo,
pero ya sabes lo que dicen,
el dolor es otra forma de placer,
y yo te beso en cada rozadura.
Pensarte,
o conjugarte en presente,
como si fuera posible
ser un funambulista
de la línea que une tus heridas con las mías
y no terminar en el suelo,
lamiéndolas,
mientras me besas los párpados
y yo te susurro que llevo un alma en el costado
que asesina mi equilibrio
mientras tú sonríes,
y yo pienso que la paz tiene algo que ver
contigo cuando te duermes sobre mi hombro
dando la espalda al mundo,
y venciéndolo.
Como besarte con los ojos abiertos
y no marearme
-mis sueños comienzan
cuando tú abres los ojos-.
Pensarte es,
algunas veces,
lo único que me queda de ti,
y otras,
quizá más,
estas ganas imposibles de olvidarte.
Pero
lo cierto es que
aquí solo laten tus cenizas,
y después,
después no hay nada.
O todo.
Según a qué lado de la calle mires.
jueves, 4 de octubre de 2012
Llovimos tanto que me ahogué
Hablamos tanto de la lluvia
que un trueno acabó atravesándome la garganta
y tuve que escapar.
Tu vida o tu corazón, me dijo alguien,
quiero pasar mi vida en el suyo, le dije yo,
pero eso no era posible,
era tan imposible como un amor platónico cumplido,
como tú y yo cumplidas,
como tú,
como pedirte que te quedaras después
o vinieras antes,
como mantenerte encendida
al otro lado de la calle
viéndote por la noche sin poder tocarte
y no consumirme en el esfuerzo
de querer tu imposibilidad
al lado de mi almohada,
como negarte a ti
y no negarme a mí en el intento,
como olvidar tu pelo,
como fingir que no estás
detrás de cada palabra que me perturba,
como pretender saber
no echarte de menos
y conseguirlo,
como asentir
creyendo que es cierto
eso de que es el frío
el que hace las ausencias más largas
cuando ahora la única que existe es la tuya
en medio de este incendio de cenizas.
Te acabas de ir
y tus ruidos ya se escuchan por las noches.
Era tan imposible
-tan
imposible
como
pedirte
que
te
quedaras
conmigo-.
La tormenta me sorprendió contigo atrapada en la mirada,
lanzando botellas al mar llenas de besos
que nunca llegaban, que se extraviaban, que se equivocaban de puerto,
que se rompían intentando llegar a mi boca
y confundían mis barcos y me llenaban de cristales los labios
que, pegados a la ventana,
congelados,
solo esperaban verte aparecer.
Y entonces un día me dejé vencer,
olvidé dónde buscarte,
comencé a despegar
tus nudillos de mis pulmones,
me eché la sal de tu sudor perdido
en los ojos,
prohibí tu olor en mis domingos
y escribí todos los antónimos
de tu nombre en mis ventrículos,
si no te olvido a ti
no les olvidaré a ellos,
y al final lo único que quedó
fue un miedo tan inmenso como inconfesable
y un deseo,
solo quería marcharme de ahí y dejar de esperarnos,
irme lejos, pensando que lejos es donde no estás,
sin darme cuenta de que donde realmente estás es en mí,
y que no te irás hasta que yo lo decida.
Pero empezaba a tener frío
y tú no venías a curármelo,
así que tuve que pedirte sin decírtelo
que me volvieras a dejar en tierra y siguieras con tu vuelo,
pero antes quise hablarte del cielo que te rodea,
de que cuando hablas realmente creo
que los relojes carecen de sentido
si no es para pararlos y escucharte un rato más
-solo un ratito más, lo juro-,
que tuve todos los continentes en mis bolsillos
después de tu abrazo
porque cuando tú respiras
el mundo, a veces, se paraliza,
y otras, en cambio, se tambalea,
pero eso es algo que solo entendemos
los que hemos visto a la poesía perder las comillas,
que tu risa astilla las penas
y que aunque nos encontráramos en medio de una guerra
que por no querer luchar terminamos perdiendo,
encontré la paz en tus maullidos,
y fuiste algo así como volver a casa
por primera vez
después de perder mil batallas en la espalda.
Quise decirte que mi papel
siempre se redujo a contemplarte desde lejos
y volverte tinta,
que pudimos
y aunque no fuimos
siempre seremos
-ojalá entiendas eso-,
que nos hicimos el amor
una noche que llovimos
y por eso te llevaré conmigo
siempre.
Que ojalá la huida
hubiera sido de tu cama a la mía,
que ojalá la lucha
se hubiera reducido a morderte las caderas
y no a este cansancio
lleno de ojeras mudas,
que ojalá volviera a verte
cada invierno de mi vida
y vieras que contigo nunca tuve prisa
porque conocerte es viajar y besar
dulce y lento
un día de invierno
llenas de frío por fuera
y de amor por dentro.
Y que ojalá sonrías
y no te culpes
ni te castigues:
tú cambias vidas,
pero no destinos.
viernes, 14 de septiembre de 2012
Yo te abrí mis piernas y tú me sacudiste la vida.
Sabes que mis legañas ahora llevan tu nombre y que este insomnio es solo una forma de esperarte, o quizá es que solo sé dormir cuando estás tú a mi izquierda. Pensarte es atrevido cuando cruzas la puerta y yo huelo mis manos y me relamo los labios salados pensando qué tendrán mis paredes para que me pongas contra ellas cada día; quizá sea que me dan ganas de entregarte la vida cuando me pides las bragas o que en ocasiones me confundo y no sé si lo que me desabrochas es el pantalón o el escudo. Eres un etcétera de posibilidades y yo te beso con los bolsillos llenos de polvo y los nudillos cansados, son tantas guerras sin descanso (es decir, sin ti) que ahora me siento como un soldado que vuelve a casa: asustada y fuera de lugar. Pero prefiero dormir en tu paz que en mi esquina, izar bandera cada vez que te arropes con mi pelo, colocarte mi estandarte en el ombligo y mientras empapas mi lengua enseñarte mi nube y aprender a llover contigo, darte de cenar mi melancolía y empujar tus dedos para que penetren mis heridas, me rasguen los pulmones y me invada tu aire, te prometo no lucharle. Quiero vivirte, besarte es conocerte en un domingo de veinticinco horas, un billete sin vuelta para los miedos, una interrogación sin cerrar, un orgasmo en marcha que no frena cuando se termina. Tú miras tus dedos acariciando mi pierna y hablas de escribir una historia sobre ello, de que pasemos el invierno envueltas en tu pelo, de mí en tu jersey debajo de una tormenta, de que la mejor manera de limar los cortes es con la lengua y de que tus ojos me cuentan miedos que tu boca nunca me dirá. Yo quiero confesarte que siempre lloro cuando escribo y que escribir es lo más parecido a enamorarse, que ya no sé dormir si en tus cuentos no salgo yo, que la huida es solo otra forma de llamar al miedo y que te quiero en mi cama cada mañana sin que se me agoten las formas de pedírtelo. Porque no existe nada más descansado que subir las escaleras que llevan a tu puerta, porque besar tus ingles es llegar a casa, porque sustituyes todos los ojalás que han perturbado mis noches y porque todo lo que te digo es solo mi manera de pedirte que te quedes conmigo, a dormir, a desayunar y a ver juntas cómo llega el otoño.
Lo que quiero decir es que me gustas hasta cuando llueve... Y aun no ha llovido.
jueves, 26 de julio de 2012
Te miré como se miran las estrellas fugaces: con los ojos cerrados
Llueve y.
Algo así como besar cuenta atrás. ¿Qué haces? ¿Besas apurando hasta el último verso o vaso o beso? ¿O atropellas tu lengua con los dientes para alargar el penúltimo beso?
No te miento si te confieso que viví esa noche. En mayúsculas y, por primera vez, en presente. Tú, siempre tan pretérita. Te volviste presente.
(Usa mi nombre solo para salvarte)
domingo, 3 de junio de 2012
Las canciones son pájaros que siempre vuelan
Este sabernos, tú allí y yo aquí, pero sabernos. De eso se trata.
Fjögur píanó
miércoles, 16 de mayo de 2012
Algún día de algún abril de algún año.
Pero siguen siendo tristes todas esas historias de desamor en las que siempre hay alguien que pierde la mano de otra persona en la multitud sin darse cuenta y nunca se vuelven a ver. Sigue siendo triste esa continua necesidad de que aparezca alguien que te salve, cuando en el fondo lo que quieres es vivir sin hacer ruido escribiendo sobre grandes historias que no vivirás. Sigue siendo triste sentirte pequeñito y ver gigantes en personas solo porque te han roto tantas veces que, aunque lo intenten, ya no pueden reconstruirte. Sigue siendo triste llevar una vida abocada a la imposibilidad, aunque al final sea lo único que inspire.
Y deberías saber que mi mundo es una noria en la que gira una y otra vez el mismo corazón roto en distintas cabinas; que aunque sea minúsculo te llevaste un trozo el día que me pensaste mientras llovía y ahora sonrío a trompicones; que idealicé tanto el drama y el desamor que me dejé llevar por una vida kamikaze, coleccionando soledades y cigarros rotos, y ahora es demasiado tarde para crecer; que no me dejaré alcanzarte porque empiezo a pensar que no existes, y eso es algo que no sé si sabría explicarte.
jueves, 29 de marzo de 2012
D(r)ama sentimental
Quizá el truco esté en desordenar tus pecas, esparcirlas descolocadas entre tu andén y mi habitación y esperar que en un descuido te pierdas y aparezcas. Puede que arañarme con tus uñas no sea la mejor opción, aunque piense en ellas antes de tropezar con la almohada, aunque ya te haya reservado los lugares donde me las podrías clavar, aunque vaya directa y sin escudo hacia sus esquinas. Tal vez mi sueño consista en soñarte sueño, y la realidad se reduzca a colarte palabras entre el pelo para que me recuerdes cuando camines despeinada por la carretera buscando al amor de tu vida. Puede que piense tanto en tus hoyuelos que los llene de notas y cuando quieras cantar solo haya un baile lleno de silencio. Quizá el problema sea que empecé hablándote de tus calcetines en vez de tu flequillo; que no te expliqué todo lo que hay más allá del mío; que me refugié entre tus tobillos para que no te fueras y no te conté que a veces tengo tanto miedo que cierro los ojos y me quedo con el de los demás, porque no hay nada que más me atemorice que otros ojos asustados. Puede que el dilema se encuentre en mi maldita manía de acuñar miradas que no responden a las preguntas que dejo entre los dedos, y en la boca, y en la intuición de algunos colmillos, y en la somnolencia de las idas y venidas que nunca se quedan. Tal vez te enseñé las palmas de mis manos abiertas demasiado pronto y se me cayó más de un secreto tan rápido que no llegó a la noche; me olvidé de utilizar paréntesis contigo cuando escuché el olor de tu sonrisa y supe que en ella se encontraba el fin de los tormentos.
Es probable que todavía no intuyas que si te quiero volver bostezo es por hambre y por sueño, porque aún no sé si serás banquete o pesadilla, porque me gustas tanto como para asustarme, porque eres mi d(r)ama sentimental y yo quiero saltar contigo puentes resbaladizos y ventanas entreabiertas y puertas cerradas con llave y trenzas deshechas en cambios de vida y sentido.
Porque seguramente todo empezó el día que olí el invierno en tu bufanda y amé el frío más que nunca; la noche en la que sentí que podría estar toda la vida abrazándote y nada más; el momento en el que bailaste y te reíste y miraste al suelo y yo deseé estar ahí, justo ahí, ser ese segundo contigo.
Quizá. Puede. Tal vez. Es probable.
Pero no.
No seré yo quien inquiera al punto con el que cierran tus piernas, que no tu boca, dirigiéndome una y otra vez al bemol de tu mirada, ese que no firmo yo.
http://www.youtube.com/watch?v=msaVzacH5ZA