viernes, 31 de mayo de 2013

Camino de huida y vuelta.

No toques si duele, amor,
que una herida de tu mano
es como una primavera helada
y este cuerpo tirita con un solo roce.

No te quedes a verme llorar
si desconoces el polvo que inunda mis ojos,
si no sabes
que mis pupilas solo son escondites de palabras,
si lo único que quieres es borrar mis lágrimas
en vez de dejar que me seque y pueda respirar.

No te quedes a verme llorar
que no quiero mojarte
y que mueras de frío.
No te quedes a verme llorar
si no vas a besarme los ojos
y ahogarte conmigo.

No me rompas el pelo
que desde que te quiero nunca me peino,
y si ahora te marchas
tendré que volver a encontrarme en el espejo,
y yo solo quiero mirarme en tus ojos.

No vuelvas contra mí
todos los motivos que inventaste para quererme
como si fueras una suicida por amor,
que el romanticismo está hecho
para los que tienen el corazón roto.

No huyas
si no es
                     de ti
                                        hacia mí
el movimiento.

No me empujes al precipicio
y me preguntes con voz rota
si te prefiero a ti o a los puentes,
no me beses si no vas a volver,
no te vayas si no vas a girarte mientras lo haces,
no te quedes
si tu vida es un camino de huida y vuelta,
no me abraces por rutina
y no dejes de hacerlo por costumbre,
no te vuelvas hielo
cuando el frío nos apriete las costuras,
no te derritas
cuando mi boca ya esté seca y no pueda sostenerte.

No me duelas
si no vas a curarte.

No me quieras,
que amor es quererse
hasta cuando no me quieres
y eso es lo único que querría que hicieras siempre

y eso es lo único que nunca te pediré que hagas.

sábado, 18 de mayo de 2013

Me sobra la poesía.


Me sobró el resto
desde el primer beso.

Amor,
a mí desde que estás
me sobra amor por los cuatro puntos cardinales
de este país que no quería ser conquistado
y acabó enamorado de tu bandera.
Se me han roto las brújulas
y ahora mire donde mire
solo
estás
tú,
y un trozo de mar conjugado en futuro
y un beso en cada ola de tu marea
y varias frases cosidas a tu frente
para que leas poesía cada vez que te mires al espejo.

De igual manera
que me sobran las manos cuando no estás
y tengo demasiados latidos
para tan poco pecho
-aunque me hayas
hecho el corazón más grande que la pena-,
del mismo modo
que mis pies pierden el ritmo
cuando no van a tu casa
-el aire solo se mueve
cuando tú bailas-
y el cartero me pregunte por ti
de tanto escribirle tu nombre…

De igual manera,
me sobran las formas
y las excusas
y las palabras,
me sobra hasta el silencio
y el eco de las estaciones,
me sobra el pasado
y la tristeza
y los poemas,
me sobra la ciudad
y los enamorados que cabalgan sobre ella,
me sobran las mentiras
-menos esas que consiguen
que te quedes un ratito más-,
me sobran todos los besos llenos de tinta
y todas las palabras manchadas de saliva,
me sobra tu casa
y la mía
y las noches que duran días,
me sobra esta bendita paz
y esta ausencia de ruidos
que me has regalado,
me sobran mis dedos
y mis sueños
y mis dedos que te sueñan
y mis sueños con tus dedos,
me sobra el miedo
y los callejones
y la luz,
me sobran las huellas
porque me sobra el camino.

Desde que estás
me sobra todo lo que tengo
-me sobra hasta lo que no tengo-
porque tú me das todo.


Mi vida,
desde que estás tú
lo único que me falta
es la muerte.

Y no la echo de menos. 

jueves, 16 de mayo de 2013

Dos tristes idiotas.


Mis ojos
viven despegados de todo mi cuerpo,
habitan en otro lugar que ya no existe,
se alimentan de bucles de recuerdos
que se asemejan a los rizos de tu pelo
y adivinan el pasado.

Puedes ver en ellos
dos décadas de otoños calientes.
Puedes tocarlos
y congelarte las espinas.
Puedes escucharlos
y leer un siglo de tristezas absurdas.
Puedes olerlos
y viajar en el tiempo.


Ahora están en pause:
desde que te ven olvidarme
hablan en un idioma extinto,
lloran sal
como si hubieran fracasado al traerte a mis orillas,
caminan heridos
como un animal golpeado y abandonado
en una estación de paso
sin coordenadas,
giran y giran y giran
por si en una de esas vueltas
te pierden de vista.

Mis párpados están más abiertos que nunca
y mis pupilas son dos puntos finales:
el que quisiste poner el primer día
y el que pusiste el último.


Pero mis ojos
son también dos tristes idiotas.
No se dan cuenta
de que no eres tú la que tienes que marcharte
para que ellos te dejen de ver.
Son ellos
los que tienen que dejar de mirarte
para conseguir no verte más.


Pero los cabrones cada día
de lluvia
me dicen lo mismo:
cualquier tiempo pasado fue mejor.

Y se vuelven a ir
a ese lugar 
que ya no existe.

miércoles, 1 de mayo de 2013

Eres lo que le falta a todo lo demás.


No sé cómo contarte esto.
Hablar sobre certezas
no es tan fácil como parece,
pero tú estás llena de ellas
y te has convertido en un reto precioso.

Verás, mi amor,
escribir sobre ti
es como hablarte mirándote a los ojos,
y ya sabes que a mí el sueño me ciega
cuando estás cerca,
que las miradas
son perennes desprotegidas
porque no saben ni disimular
ni vestir cuerpos en invierno,
y que mi boca calla
todo lo que mis manos vomitan sin esfuerzo
después de comer(te).

Y que sí,
que yo suelo empeñar mis folios
en las tristezas
porque prefiero quererte sobre la cama
en vez de sobre el papel,
y que se mueran de celos la tinta
y los ojos de quien lea
porque nadie puede entender
las mil maneras que tienes de ser mía
sin serlo
-que eso es el amor:
sentirte de alguien que sientes que es tuyo,
sin serlo-.

Por eso,
porque creo como una atea
en las palabras que hablan de lo que es
y no de lo que fue o de lo quieres que sea
te hablaré de mí,
porque contigo soy todo
lo que siempre he querido ser.

Te diré
que después de estar contigo
la vida me parece un rato muy pequeño;
que lo que más me gusta de ti es tu pasado
porque te ha hecho ser quien eres hoy;
que lograste apaciguar mi dolor
posándolo sobre tu cuerpo
como quien acaricia con ternura el borde de una herida
sin miedo a contagiarse,
y, mi amor, vas a conseguir enamorar
hasta a mi tristeza;
que desde ti
mire donde mire
solo veo flores
-padezco de una ceguera
preciosa,
lo confieso-
y un viento liado en diez cigarros
que me llega directamente a los pulmones
cada vez que te miro mirar al aire.

Te diré
que has convertido todos mis conatos de existencia
en logros sencillos,
equiparables a un bostezo por la mañana
o un bocado cuando hay comida.
Que me has enseñado
a vivir
en vez de a ver la vida pasar,
y en esa diferencia
se esconden todos los matices que te definen.
Que aprender de ti
y de tu pelo revuelto
es como leer la vida con las manos
y los ojos abiertos,
es como tocar el mundo con los dedos
y sostenerlo
el tiempo que dura tu voz,
es fácil,
es sencillamente fácil;
que me das hambre,
mi amor,
hambre cuando te desnudas
y se abre el cielo de piernas,
hambre cuando lloras
y me dan ganas de apagar la luz
para verte mejor,
hambre cuando ríes
e inspiras canciones.

Te diré
que desde ti
todo está en el orden que requiere el caos
y que tanto necesitamos las dos.
Que siento calor
cuando quiero desnudarme delante de ti
y siento frío
cuando necesito que me abraces;
que mi miedo se ha reducido
a una película de terror,
es decir,
ya no existe;
y que en la lentitud
que exigen las grandes historias
y que tú y yo abrazamos con gusto
solo me atropellan con prisas
los latidos que cabalgan fuera de mi pecho
cuando pienso en ti
y el reloj que me lleva a tu casa,
que le da tiempo
a dar la vuelta al mundo
en lo que yo te doy un beso.

Ya ves,
has devuelto a mi cuerpo
la valentía necesaria para despegarse del suelo
y demostrarle que son necesarios cuatro brazos
para poder volar
y no caerse,
y has traído a mi habitación
las ganas de dejarme querer,
como quien aparece en medio del llanto
y en vez de secarte las lágrimas
te deja llorar
hasta que terminas,
y así poder seguir viviendo.

Por todo esto
te diré
que desde que tú me quieres
me quiero más
y por eso,
y por muchos otros motivos,
te quiero.

lunes, 29 de abril de 2013

Después del incendio.


Lo malo de arder
es que después del incendio
solo quedan cenizas.

Eso da dos opciones:
puedes soplar sobre ellas
encima de un precipicio
a una hora que nadie conozca
de un día que no exista en el calendario
-porque así se olvida,
sin darse cuenta,
sin ser consciente;
eso es el olvido:
el desconocimiento-;
o puedes levantar un muro
de restos,
rezarle cada noche
a un jarrón lleno de recuerdos,
consumirte
como un cigarrillo en los labios
de la prisa,
atrapar tu vida
en medio de una autopista
que no espera a nadie.

Si haces lo primero,
si vuelas las cenizas,
se deshará parte de tu piel,
quizá un trozo de tu boca
no vuelva a besar igual,
es probable
que notes cómo se enfrían
esas partes de tu cuerpo
que en aquel otro lugar fueron llamas
y prometiste que nunca se apagarían,
seguramente
sientas que se cae por el abismo
tu alma
y vuelvas vacío a casa.

Si haces lo segundo,
si decides llenar tu reloj
de pasado,
verás cómo tu vida calcinada
comienza a oler
a casa abandonada,
comprobarás
que en tu pelo,
donde antes ardió Roma,
ahora mueren los pájaros,
mirarás al cielo
y desaprenderás a volar,
no encontrarás diferencia alguna
entre las estaciones
-el verano en su pecho
poco tiene que envidiar a un invierno sin ella-,
tendrás ganas de morir
de cansancio
cada vez que combustiones
y recuerdes
y tu pecho
será una tormenta que nunca termine de romper,
como una rotura
mal curada.


Lo que quiero decir
es que lo malo de los incendios,
al igual que los entierros,
es que solo pueden suceder una vez.


Lo malo de los incendios
es cuando sobrevives a ellos.



domingo, 21 de abril de 2013

Yo no quiero ser recuerdo.


A la mierda
el conformismo:
                            yo no quiero
                                      ser recuerdo.
                                      Quiero ser tu amor imposible,
                                      tu dolor no correspondido, 
                                      tu musa más puta,
                                      el nombre que escribas en todas las camas
                                      que no sean la mía,
                                      quien maldigas en tus insomnios
                                      quien ames con esa rabia que solo da el odio.


Yo no quiero
que me digas que mueres por mí,
                            quiero hacerte vivir de amor,
                                      sobre todo cuando llores,
                                      que es cuando más viva eres.

Yo no quiero
que tu mundo se dé la vuelta
cada vez que yo me marche,
                           quiero que darte la espalda
                                      solo signifique
                                      libertad                                              
                                      para
                                      tus
                                      instintos
                                      más
                                      primarios.

Yo no quiero
quitarte las penas y condenarte,
                        quiero ser la única
                                   de la que dependa
                                   tu tristeza
                                   porque esa sería
                                   la manera más egoísta y valiente
                                   de cuidar de ti.

Yo no quiero hacerte daño,
                        quiero llenar
                                   tu cuerpo de heridas
                                   para poder lamerte después,
                                   y que no te cures
                                   para que no te escueza.

Yo no quiero
dejar huella en tu vida,
                        quiero ser tu camino,
                                   quiero que te pierdas,
                                   que te salgas,
                                   que te rebeles,
                                   que vayas a contracorriente,
                                   que no me elijas,
                                   pero que siempre regreses a mí para encontrarte.
                                  
Yo no quiero prometerte,
                        quiero darte
                                   sin compromisos ni pactos,
                                   ponerte en la palma de la mano
                                   el deseo que caiga de tu boca
                                   sin espera,
                                   ser tu aquí y ahora.

Yo no quiero
que me eches de menos,
                        quiero que me pienses tanto
                                   que no sepas lo que es tenerme ausente.
                                                

Yo no quiero ser tuya
ni que tú seas mía,
                        quiero que pudiendo ser con cualquiera
                                   nos resulte más fácil ser con nosotras.

Yo no quiero
quitarte el frío,
                         quiero darte motivos para que cuando lo tengas
                                    pienses en mi cara    
                                    y se te llene el pelo de flores.

Yo no quiero
viernes por la noche,
                        quiero llenarte la semana entera de domingos
                                  y que pienses que todos los días
                                  son fiesta
                                  y están de oferta para ti.

Yo no quiero
tener que estar a tu lado
para no faltarte,
                         quiero que cuando creas que no tienes nada
                                    te dejes caer,
                                    y notes mis manos en tu espalda
                                    sujetando los precipicios que te acechen,
                                    y te pongas de pie sobre los míos
                                    para bailar de puntillas en el cementerio
                                    y reírnos juntas de la muerte.

Yo no quiero
que me necesites,
                          quiero que cuentes conmigo
                                     hasta el infinito
                                     y que el más allá
                                     una tu casa y la mía.
                                  
Yo no quiero
hacerte feliz,
                          quiero darte mis lágrimas
                                     cuando quieras llorar
                                     y hacerlo contigo,
                                     regalarte un espejo
                                     cuando pidas un motivo para sonreír,
                                     adelantarme al estallido de tus carcajadas
                                     cuando la risa invada tu pecho,
                                     invadirlo yo
                                     cuando la pena atore tus ojos.

Yo no quiero
que no me tengas miedo,
                          quiero amar a tus monstruos
                                     para conseguir que ninguno
                                     lleve mi nombre.
                                              
Yo no quiero
que sueñes conmigo,
                          quiero que me soples
                                     y me cumplas.


Yo no quiero hacerte el amor,
                           quiero deshacerte el desamor.


Yo no quiero ser recuerdo,
                           mi amor,
                                      quiero que me mires
                                      y adivines el futuro.