miércoles, 17 de septiembre de 2008

Sin paracaídas


Es tenerte al lado y poder morir consciente de que nunca podré estar en mejor lugar. Es pensar en ti y darme cuenta de que ocupas cada rincón de mi vida, de que llenas cada esquina de piel vacía, de que arropas cada parte de alma que se quedó congelada al no saberte cerca. Es verte sonreír y adueñarme de tu sonrisa, porque tu sonrisa es mi sonrisa, y yo la desnudo con un beso, la muerdo y me la como, la guardo en mi zapatilla, la rescato siempre que no estás, la dibujo, la pinto, la escribo, la grabo en mis labios, la marco en mis pestañas, la escondo dentro del pantalón, la engancho a mi sujetador, la robo en un descuido de tu boca, la acaricio entre miradas, la siento, la espero, la cuido. La hago inmortal, eterna. La hago infinita.
Noventa mil besos
Y que no llevaremos paracaídas, que si caemos juntas no dolerá, mi vida.

domingo, 14 de septiembre de 2008

Mirarte hasta que duela.


Quiero que me desnudes. Que me desnudes y sin apartar tus manos de mi mirada me digas lo que podré llegar a ser para ti. Quiero que me muerdas el alma, que me arranques de un mordisco la vida, porque ahora lleva tu nombre, porque no dolerá si es tu boca la que la marca, porque es tu reflejo el único que se ha conseguido colar en ella. Quiero que nuestras bocas de tanto necesitarse choquen inconscientemente, que tu lengua busque mi cuello, que la mía busque tus labios, y tú suspires, y yo suspire, y ya no haya frío que valga, ni miradas que tapar, ni voces que escuchar. Quiero bucear entre tus piernas y escribir en tu ombligo, versar una historia sobre el color de tu voz y arañarme la espalda con tus uñas, soñarte conmigo y despertar a tu lado. Quiero mirarte... mirarte hasta que duela.


Ochenta y ocho mil besos


jueves, 11 de septiembre de 2008

No me dejes que despierte...


-¿Dónde estás?

-En ti.

Quisiera cenar en tu espalda, comerme el despertador de un bocado para no dejar de soñarte, enroscarte en mis sábanas para que nunca salgas de mi cama, encontrarte al abrir la puerta de mi habitación y perderme en tu sonrisa para no encontrarme, para quedarme contigo. Quisiera cruzar la calle y que tus dedos acariciaran mi cuello por detrás para darme la vuelta y verte, y besarte, y llevarme tus labios en el bolsillo, y rozarte la mejilla con un dedo, y estallar las lágrimas que un día salieron mientras te miro, mientras no puedo evitar mirarte, mientras me callo y me aprendo todo tu rostro durante horas, sin decirte nada, sólo siendo consciente de que continúas siendo real. De que continúas siendo mi realidad.

Ochenta y un mil besos


miércoles, 10 de septiembre de 2008

Comencemos a no olvidar.


Quizá crees que algún día me dolerá la boca de tanto besarte, que esconderé mis manos de tu espalda y que el latido incontrolable que se escapa de mi boca cada vez que me besas se esfumará. Puede que pienses que una tarde dejaré de mirarte, como siempre hago, aprendiéndome cada caricia, perdiéndome en cada lunar, memorizando cada curva. Y ese día, esa tarde, te besaré borrando tus temores y te contaré cómo guardaba todos tus besos bajo la camiseta sin que tú lo supieras por si acaso algún relámpago me los robaba sin que me diera cuenta y ya no pudiera recuperarlos, también te confesaré cómo me colaba en tu cuello cada vez que te despistabas y me dormía en tu olor para no perderlo jamás, y dejaré caer cómo soñaba con ser el roce de tu ropa interior contra tu piel. Y tu sonrisa no desaparecerá. Y yo volveré a besarla.

Setenta y nueve mil besos

sábado, 6 de septiembre de 2008

Histeria.


Traete tu camiseta más vieja, la que no quieras, la que no te pongas, porque en cuanto te vea te voy a empujar contra la pared y te la voy a arrancar, a mordiscos. Te voy a destrozar la ropa interior y sin que te des cuenta en un segundo te quedarás desnuda, frente a mí, extasiada, sudando placer, muriéndote de ganas, suplicando a mi lengua que no se la ocurra frenar, arañándome los brazos mientras te ahogas, haciéndome chirríar la piel con tus dedos, rasgándome el cuello mientras me pides aire, asesinándome la cama mientras tus ojos se esfuman con tu aliento. Prepárate. Porque no te vas a escapar. Nos vamos a reventar.

Setenta y cinco mil besos


'Cause I want it now

I want it now

Give me your heart and your soul

And I'm not breaking down

I'm breaking out

Last chance to lose control

miércoles, 3 de septiembre de 2008

Qué importaba la luna contigo en mi colchón.


Verme enredada en tu cuerpo confundiendo nuestro sudor, mojarnos en saliva, ahogarnos en la húmeda respiración que nos arropa. E inmolarme junto a tu corazón para que no se puedan despegar sus mitades, repasar el contorno de tu ombligo con mis dedos, mirarte a la boca y morirme de deseo, aprenderme tu perfil de memoria y exhalar un tibio te quiero en tu cuello empapado, aunque mi aliento corte el sonido, aunque mis manos lo tapen haciendo chirríar las sábanas, aunque mis dedos se enreden en tu pelo y no te permitan escucharme... Porque sé que siempre te llegan, incluso cuando no los pronuncio.


Setenta y un mil besos


lunes, 1 de septiembre de 2008

Tú.


Nadie besa como tú. Nadie sabe sostener mis labios en un beso como lo haces tú. Nadie sabe mantener la respiración y dejar caer su aliento sobre mi boca a escasos milímetros de aire de la tuya como tú. Nadie empapa mi cuello con una boca tan húmeda como la tuya dejándome sin voz, sin palabras, sin sonidos, sin consciencia, sin conocimiento de nada que no sea tu saliva erizando mi piel. Nadie sabe acariciar mi lengua como sólo tú lo haces, manteniendo el instante, lento, apoyada sobre mí, sintiéndome, congelándonos de frío pero sin sentirlo por tenernos al lado, muriéndonos del calor y deshaciéndonos en nuestras propias manos, rompiéndonos. Nadie sabe comerme como tú me comes. Nadie sabe... Sólo tú.


Sesenta y ocho mil besos