
En ningún momento la busqué... No le pedí que viniese a por mí, que me buscara la mano entre decenas de personas y unos cuanto decibelios, que sus mejillas coloradas no dejaran de mirarme en toda la noche. No le dije que sonriera, que ansiaba enamorarme de su sonrisa, tampoco que me curara y que su mano fuese la que me salvase de todo lo que me dolía. No le pedí que fuera el desvelo de todas y cada una de mis madrugadas, ni el temblor de mis pestañas al mirarla ni el de mis uñas al rozarla, ni siquiera la razón del latido que caminaba más rápido que mi andar al ir a buscarla. No le dije que un año más adelante se convertiría en mi luna y yo en su piruleta, que el sólo hecho de sentirla sobre mi pecho era como flotar entre lunares, los suyos, ni que sería mi pequeño cereal cuando nadie nos entendiera...
No le dije nada, no le pedí nada. Y ella apareció, apareció con su bonita mirada e hizo de mi vida una carcajada feliz, una sonrisa continua, un te amo perenne...
Doscientos noventa y nueve mil besos
http://www.youtube.com/watch?v=P3Q5ajmOpV4
martes 7 de julio de 2009
'Pequeña sonrisa de Amelie...'
'My sweet love...'

No quiero, no, no voy a dejar de malacostumbrarte, voy a seguir haciéndolo todos los días que me resten a tu lado. Voy a seguir llenándote los días de piruletas rojas, muy rojas, para que se conviertan en mi chupachups tus labios de fresa. Voy a seguir colándome por tu ventana cada noche, esconderte palabras debajo de la almohada y dejarte abrazada a la luna, esa luna que ya no es sólo una... Voy a seguir recortando el hueco de la sábana donde tú no me faltas nunca, a subir al cielo para recordar tus manos por mi cuerpo, a sonreírte tanto que no puedas evitar querer dormir en mi sonrisa cada noche. Voy a seguir llevándote a puestas de sol, a acariciar tu nombre cuando me digas que me quieres, a besarte incluso cuando no estés. Voy a seguir siendo tu semáforo en verde, el remitente de tus cartas anónimas, el corazón desnudo en la palma de tu mano...
Doscientos noventa y siete mil besos
http://goear.com/listen/7eebce7/Sleep-dont-weep-Damien-Rice
sábado 27 de junio de 2009
Te quiero devorar

Sentada en una esquina de tu espalda escribo poemas que relaten la historia de tu piel desnuda mientras suena una guitarra rasgada, y es cuando descubro que son tus besos que como notas se van colando por mi columna vertebral. Déjame relatarte una canción al oído, una de un veintiséis de junio; déjame envolver tu mirada que quiero mirarla hasta deshacerla; déjame trepar por tu cuerpo y hacerte el amor con la respiración que quiero que te enrosques a mis suspiros y no los sueltes en toda la noche; déjame dibujar un piano en tu espalda y resucitar toda melodía olvidada y borrada; déjame acariciarte, acariciarte otra vez, y otra, hasta que me aprenda cada lunar de tu cuerpo, hasta que conozca todos los poros de tu piel y consiga robarles su olor, hasta que nos durmamos y mis dedos sigan jugando con el roce de tu aliento... Déjame todo, que te voy a amar toda la noche hasta que quieras despertarme a base de besos, que te voy a mirar y a mirar y a mirar porque mirarte me lleva al cielo y yo ya no quiero bajar de allí, que te voy a regalar una nube e inventar una tormenta para que vengas a abrazarme. Escucha... Que ya empieza.
Podría darte diecinueve mil razones... Te quiero Doscientos noventa mil besos
http://www.youtube.com/watch?v=E7jPGE5Haxw&feature=related
viernes 19 de junio de 2009
Final
No entendía cómo había sido capaz. Cómo, después de tanto tiempo pensando que no me quedaba más amor por dar, Ella había conseguido abrir mi corazón de golpe, un corazón herido de muerte y maltrecho. Abrirlo de verdad, curarlo y dejar que de él saliera un amor tan puro, tan verdadero y tan real que a veces me asustaba. Me asustaba porque cada día la amaba más y me había dado cuenta de que desconocía mis propios límites, aquellos que creía sobrepasados ya. Pero era así, yo la amaba y me moría por cada palabra, por todos y cada uno de sus huesos, por todas las veces que me esperaba debajo de mi portal. La amaba desde aquel primer te quiero que Ella me dijera una noche de verano. La amaba cuando yo inconscientemente estaba pidiendo a gritos ser amada y Ella fue la única en oírme. La amaba al besarla, al perderme en su cuello buscando ese olor que se había convertido en el Edén para mí. La amaba al tocarla con un solo dedo la mejilla, al buscarla desesperada tras cada voz y no encontrarla, al necesitarla y tenerla. La amaba al hacer mía su boca en nuestro portal, en nuestro banco, en nuestro parque. La amaba al abrazarla para protegerla del invierno, la amaba cuando viajábamos al verano en su cama, la amaba cuando la primavera nos vestía de recuerdos, la amaba al sentir el otoño sobre su paraguas y Ella a mi lado. La amaba porque era mío su dolor, la más mínima punzada suya se clavaba en mi pecho y ardía, su rasguño más pequeño abría zanjas en mi alma. La amaba cuando creaba espectáculo con su sonrisa, cuando su risa empapaba la ciudad y yo sólo podía mirarla y morirme de amor. La amaba cuando las gotas de lluvia resbalaban por su paraguas y nosotras bajo él nos dábamos besos interminables. La amaba al despeinarla, al tatuarla mi amor en cada roce, al invertir toda mi saliva y todas mis letras en ella. La amaba cuando le regalaba mi corazón, se lo ponía en la palma de la mano y Ella me amaba también.
Quería creer que yo también era su sueño. Que yo también había aparecido en el momento justo de su vida con el único propósito de hacerla feliz y que lo estaba consiguiendo. Que no mentía en cada promesa que me hacía, que realmente me quería con ella toda su vida y que ‘el final’ dejó de tener lugar en nuestra voz desde aquel 19 de julio. Que continuaríamos follándonos el alma todos los días, todos los segundos que nos restaban juntas, todos los momentos que viviéramos en nuestro ático perdido de Londres. Que los miles de besos aumentarían día a día hasta llegar al infinito, hasta perder la cuenta… Y así fue.
Esas siete palabras, no puedo dejar de pensar en ti, continuaron resumiendo cada día nuestra historia: la de un amor interminable.
http://www.youtube.com/watch?v=CB2d85YuO90
sábado 13 de junio de 2009
Así vivimos. Emigrando a los parques, alquilando portales, descorchando la luna que salía cada noche y nos sorprendía entre besos, caricias y sonrisas. Viviendo nuestro verano, como más tarde haríamos con el otoño, el invierno y la primavera. Era tan bonito sentirla conmigo… Saber que comenzábamos a ser sólo una al lado de otra, dejar de necesitar al resto del mundo, ser felices sólo con mirarnos. No tenía miedo, no tenía ninguna duda, ningún temor. Ni con el primer te quiero ni con la primera vez que se deslizó bajo mis sábanas. Sentir su cuerpo desnudo, apretado contra el mío, ésa y todas las demás veces que llegaron después, era una sensación increíble. Inusitada, plausible. Subirla encima de mí, enroscarme a su pequeño cuerpo, permitirle que me llevara al cielo (y casi rogarle que no dejara de hacerlo), sintiéndola, siempre sintiéndola, ya fuera alentando entrecortadamente mi nuca mientras el sudor empapaba las sábanas o respirando tranquila, medio dormida y soñolienta, sobre mis brazos… Estaba tan guapa cuando cerraba los ojos, se abrazaba a mí y sonreía, dejando su sonrisa impresa en mi almohada. Y yo la devoraba, me comía todo lo habido y por haber, su piel era mi cena y me reservaba su entrepierna como postre. Y la abrazaba, le suspiraba el ombligo y su tatuaje que a veces me resultaba infinito, entrelazaba los mechones de su pelo entre mis dedos mientras mi lengua suave recorría sus labios, despacio, para volverla loca, para escucharla morir en mi boca, y dejaba pasear mis manos sobre su vientre, repasando su perfil y memorizando el tacto del color de su cuerpo para rescatarlo después en mis sueños, ésos que Ella protagonizaba día y noche. Ella… Tan bonita.
miércoles 10 de junio de 2009
Segunda parte
No sé qué fue lo que me cautivó, si su sonrisa entrecortada y su mirada tímida pero valiente, o quizá fue su ternura, su derroche de cariño y sus suspiros al cruzar sus ojos con los míos lo que me hizo mirarla como nunca había mirado a nadie. Sólo sabía que por primera vez en mucho tiempo me sentía bien al lado de alguien que no fuera su fantasma. Que quería estar allí, sentada con Ella por primera vez en un portal, en uno de tantos que nos sentirían en adelante. Que me encontraba a gusto entre sus vaqueros rotos y sus zapatillas de colores, que no quería levantarme, que no quería perderla de vista. Que acababa de conocerla y deseaba que no terminara la noche.
Radiante. Por fin lo había logrado. Sentada a su lado, había hecho posible su sueño de conocerme y ahora, pensaba, quizá comenzaríamos uno juntas. Y llego el día siguiente, y las palabras confesadas y las calladas, y las ganas de reventarnos la boca de una vez, y el miedo, y la duda, y la ilusión. Y otra vez la noche. Luces, canciones desorbitadas y nuestros ojos de nuevo encontrándose de esa forma que sólo ellos sabían. Mis pestañas trémulas al mirarla, sus manos inquietas sobre mis dedos, sonrisas de medio lado y ese algo que hizo que todo lo demás desapareciera, que hizo que sólo nos encontrásemos Ella y yo en aquel lugar, que fuéramos lo único existente. Y mis ganas de estar junto a Ella… Nos marchamos juntas, no sabíamos a dónde, aunque no hubiera importado que hubiera sido el final del mundo. Nunca tuvimos destinos, nos bastaba encontrar nuestras manos al andar para estar tranquilas. Y encontramos aquella esquina, dorada por la luna, empapada de noche, dibujada allí únicamente por y para nosotras. Así, coloreadas de intimidad y sin reloj, nos acercamos y probamos el sabor que nos haría más tarde toxicómanas y drogadictas, nuestros labios se juntaron y la saliva que humedecía nuestras lenguas estalló, se volvió loca y consumió los minutos en aquellos besos. En aquel momento comencé a apartar de mi mente a los ojos azules con tal firmeza y seguridad que yo misma me asombré. En aquel momento comencé a querer quererla…
http://www.youtube.com/watch?v=ud5k4_xEC5c&eurl

