El silencio es la pausa
que precede al rugido.
El nuestro
-un silencio compartido lleno de eco-
es ya un idioma en extinción,
no hay grito que lo devuelva a la vida
ni boca que lo reconozca.
Es mejor así,
pero a veces vuelvo al lugar donde exilié tu voz
y me cuesta regresar
ilesa.
Dejar mis recuerdos en otro sitio
es abandonar
palabras que no se volverán a pronunciar.
Aquí dentro,
el silencio es un hueco inhabitable.
TRES POEMAS de LA SOMBRA ARROJADA por MARTA PUMAREGA RUBIO
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Desde tu muerte,
disimulo la tristeza,
sonrío a los vecinos,
voy al trabajo,
hago la compra,
camino descalza por la casa,
tomo algo
en el bar del mercado,...
Hace 5 horas