domingo, 12 de julio de 2015

Sputnik.

Incluso al otro lado existe el mar.

¿Qué diferencia hay entre
el viento y un suspiro de tu boca?
¿Qué puede darme la tierra que
no haya visto ya sobre tus manos?
Si no hubiera cielo que mirar,
¿sería capaz de enamorarme?

Insisto:
incluso al otro lado existe el mar.

domingo, 29 de marzo de 2015

Distintas formas de callar de igual manera.

El silencio es la pausa
que precede al rugido.

El nuestro
-un silencio compartido lleno de eco-
 es ya un idioma en extinción,
no hay grito que lo devuelva a la vida
ni boca que lo reconozca.

Es mejor así,
pero a veces vuelvo al lugar donde exilié tu voz
y me cuesta regresar
ilesa.
Dejar mis recuerdos en otro sitio
es abandonar
palabras que no se volverán a pronunciar.

Aquí dentro,
el silencio es un hueco inhabitable.




martes, 10 de febrero de 2015

Rosa y Marie.

Por Rosa.
Por Marie.
*


No volveré contigo a casa
ni dejaré flores a los pies de tu cama,
y cuando preguntes «¿qué pasó?»
te dirán que el viento fue más rápido.

Querrás correr hacia un lugar en el que no me conozcas,
tener unos pies
que desanden los andenes que pisamos a la vez,
arrancarte mis caricias
de los huesos,
decir otro nombre cuando tu boca me extrañe tanto que todo te
sepa a sal
y tengas tanta sed como miedo:
tu desierto estará lleno de puertas.

¿Lo entiendes?
La música será solo ruido
y ya no podrás ponerle mi nombre al silencio
para darle voz.
Tu despertar será una nota
a destiempo.
Tu sueño,
un duelo contra ti misma.
El tiempo,
un reloj parado.

No te asustes:
sentirás que el mar es tu única
herida
porque ninguna otra salida será capaz de
abarcar tanto desahogo.
Pensarás que merezco el ardor
porque una vez fui fuego
en tus pupilas
y ya no puedes deshacerme.
Soportarás mi peso sobre tu
espalda como un último intento de alcanzar el sueño.


Tú suplicarás un alto al fuego.

Yo estaré tan viva que tus recuerdos
me olvidarán.




Mi amor,
yo me iré
y tú sabrás cuidar las flores
que ya no te regale,
escribirás sobre todos mis huecos
cuando descubras
que mi peso reside en el aire que mueves en las calles
y en las comisuras alzadas de tu boca
y en las cosas que aprendas sin mí.

Te levantarás sin mi mano
y el suelo no volverá a extrañarte,
y entenderás
que mi ida solo fue un empujón a la espalda de tu vida:
sé uno por los dos.

No te asustes:
volverás a descubrir el sueño
detrás de las flores
y conseguirás ser la luz de tu futuro.



Tú volverás a mirarte en el espejo
mientras alguien te lame mi herida.

Yo me quedaré en tus ojos
y en la punta de tus dedos
y en todas esas cosas que dejes de recordar.



Así será.
Yo no estaré.
Tú, pronto, te irás.
Pero siempre seremos uno el tiempo que dure el recuerdo.





* Semilla del poema.

domingo, 4 de enero de 2015

Libre.

Quería que supieras
que mi daño es algo que solo elijo yo.

Que me dejo mecer por tus empujones
como si fueran viento que me coloca lejos de ti
porque todas mis puertas están abiertas
y yo soy libre.

Que el odio
es el disfraz de una piel, el reverso de un cuerpo,
y desde otro lugar
tu cara se intuye del revés,
perdida,
y no hay nada peor que sentirse olvidado
dentro de uno mismo.

Que tus intentos de quebrarme el paso
solo consiguieron hacerme pisar más fuerte,
y cuanto más lejos te colocas
más cerca estoy de mí misma.

Que quisiste taparme los ojos
y hundirme,
pero mi mirada está más cerca del mar
que de tu suelo.
Y te lo repito:
soy libre.

Que solo aquel que entiende mi silencio
merece mi palabra,
y tú hace tiempo que dejaste de comprender
que lo que difiere entre un hogar
y un sitio al que volver
es la puerta abierta.
Tu puerta cerrada
es la entrada a mi casa.

Que quisiste quitarme todo
y te quedaste sin mí.

Que mi risa fue tu risa
y nuestras lágrimas fueron una,
pero dejaron de hablar el mismo idioma
cuando tus carcajadas
fueron balas contra mi pena,
cuando tu tristeza
arremetió ahogada contra mi alegría.

Que siempre colocaré la verdad
frente a mis huellas,
que no daré respuestas
a quien no acepta mis preguntas,
que no iré a aquel lugar
en el que no me reconozca,
que no daré la mano
al que me señala con el dedo.

Que nunca me perdiste:
dejaste que me fuera,
que es la peor forma que existe de abandono
-para el que se queda.
Y ese será tu mayor castigo.




Pero no,
no diré nada que enturbie mi paz, 
que moleste la duna calmada 
que reside en mi conciencia.

Mejor me voy
sin decir nada que no sea un espacio hueco
-lo que te mereces: nada-, 
porque irse en silencio hace más ruido
que cualquiera de tus quejas.

Y yo ya he pasado de canción.

domingo, 7 de diciembre de 2014

El lugar que tú ocupas.

Por suerte,
existes.

Y por suerte, también,
no solo existes,
sino que te colocas aquí,
justo al lado de todo lo que está lejos
para estar cerca.

Y por suerte, aún más,
no solo existes
y te colocas aquí,
sino que es en ese exacto lugar
en el que me haces creer
que merezco habitarlo,
conocer los rincones que lo atajan
y saber mirarte también
cuando cierro los ojos.

Como un sueño.

Como el sueño que aparece
en el momento preciso
en el lugar que tú ocupas.


domingo, 16 de noviembre de 2014

Estrella fugaz.

Hay una tristeza inherente a las cosas
que las hace bellas
y no quiero llegar a comprender nunca.

Hoy he tenido un sueño triste
y he despertado en una cama carente de nada,
en unas sábanas blancas y tristes,
y en el balcón mis plantas me miraban tristes.

He salido a la calle y era pronto.
Los domingos por la mañana
Madrid se pone más bonita que nunca:
pasearla así ha sido como ver una estrella fugaz,
y me ha parecido todo tan triste
que me he puesto la canción más triste de mi cabeza
y he deseado la soledad.

Me he acordado
de todo lo que he olvidado
y he maldecido el paso del tiempo por un momento;
después he leído que la mujer de Cortázar
tenía los ojos azules y apenados,
y el mundo me ha parecido algo más sencillo,
pero también más triste.
Los fantasmas también quieren flores,
pero la gente solo tiene miedo.

He visto a una pareja sentarse separada
en el metro
con los ojos a un centímetro de distancia,
a una niña reírse a carcajadas de una verdad,
dos manos besarse en una terraza,
una tierra abandonada a través de una ventana
y a alguien pensar en otra vida,
y me he puesto triste
al verme en todos ellos.

Después,
he vuelto a casa,
a mi refugio blanco y triste,
a mi paz en calma culpable,
al fin de cada comienzo,
y te he mirado tranquila y bella,
en el sofá y en tu universo
de estrella fugaz,
y he dejado toda la tristeza en la puerta.


miércoles, 15 de octubre de 2014

Reina de mi castillo de aire

Siento una urgencia extrema
de no decirte nada,
como si en mi pecho
cabalgaran ambulancias moribundas.

Debe ser que a veces
me da por pensar
que este olvido me queda algo grande:
se me cae de los dedos,
empapa mi pelo como una tormenta,
anuda mi estómago y ata mis manos.

Me sobra olvido
por los pies cuando paseo
y llego a tu casa
y observo tu buzón
que me grita todo lo que no nos contamos.

Me sobra olvido
por las manos
cuando se abren para cogerte
y el vacío es lo único que encuentran:
nunca imaginé que las mismas alas
que abracé con ternura
te llevarían tan lejos de mí.

Me sobra olvido
cuando duermo
y no pasa nada,
y no suenan pájaros,
y arriba solo hay techo,
y no quedan rastros del huracán:
unas bragas en el suelo o tu pelo durmiendo o tu mano
a un centímetro de la mía
-como si me hubiera buscado en sueños-;
nada,
la sábana en una esquina o la almohada mojada o tu calor
dado la vuelta;
nada,
diez llamadas perdidas o una botella de agua vacía o
tu olor empapando mi suerte;
nada,
un disco terminado en el ordenador que aún parpadea,
como si fuera una alarma que avisara
de que hasta lo más bello termina.

Nada:
solo este orden justo y preciso,
este orden que ya es solo mío y no encuentra lugar en el que caerse,
este orden que no se va porque no vienes.
Este orden
que también me sobra.

Me sobra olvido
también
de las canciones que tengo prohibidas,
de esas palabras
que ya no sé pronunciar,
de todos los ángeles
que me abandonan,
de cada día que tropiezo
con la misma pregunta:
¿no es olvido y recuerdo la misma cosa?

Me sobra olvido,
ya ves qué tontería,
cómo puede sobrar algo que no se tiene.

Si pudiera llamarte amor
o si pudiera
tal vez
solo llamarte.

Amor.
Me sobra olvido.
Me faltas tú.