martes, 10 de mayo de 2016

Transido de palabras

No me queda mucho más que decirte,
pues esta nube ya arruga mis dedos
por momentos,
salvo que llegó a casa una carta a tu nombre
—fingí tu firma y el cartero, amable,
disimuló mi tristeza—,
que la comida
se acumula pero el hambre no termina,
que no sé qué hacer con tanto ruido
—recuerdo cuando partías
el silencio con tu risa y todo,
entonces, era cuestión de adelantarse—
y que las palabras me duelen,
amor.

No quisiera que pensaras
que no te pienso
porque no te escribo.

Es solo que ahora he de hacer hueco
a tu ausencia en mi refugio,
y no sé si estoy preparada para colocarla
al lado de un poema
que cuente, de algún modo
que no duela tanto,
cómo desapareciste
al abrir los ojos.

Prefiero cerrarlos que ver esta puerta
cerrada
cansada ya de tantos portazos.

lunes, 2 de mayo de 2016

La gota china

Miro las
gotas que caen con vicio por la ventana
cuando llueve y llego a esta casa abandonada
de orillas,
y recuerdo
aquel método de tortura china
que consistía en inmovilizar a un preso
de modo que cayera sobre
su frente —a la fuerza culpable—
una gota de agua fría
cada cinco segundos
—los mismos que tardábamos en besarnos
por las mañanas—,
para abandonarlo después en un cuarto
sin luz,
con el cuerpo sin forma
y el alma hecha pedazos.

Dicen que las víctimas acababan muertas
debido a un cansancio
demente
que terminaba afectando al corazón
provocándoles un paro cardíaco.

Exactamente igual
que el efecto
que tienen nuestros recuerdos
cuando caen
—como esta lluvia del infierno—
gota a gota
sobre mi pecho.

viernes, 19 de febrero de 2016

El amor en un bote de cristal

La soledad es mirar a unos ojos que no te miran.

Llega entonces ella, disfrazada
de pájaro, árbol y viento, 
llega entonces ella, disfrazada, 
atrapa una lágrima con el dedo
y la mete en un bote de cristal.

Añoro el mar
alcanzo a decir.

No quedara hueco en el mundo en el que no existas, 
me dice
no existirá lugar alguno en el que 
no te mire.
Montañas, sauces, telas de araña, 
en todos tejo tu nombre, 
en todos coloco tu cuerpo frente al daño.
Te llevaré, acaso, 
ante el precipicio, 
habré de empujarte y cogerte la mano
para que me creas.
Y solo entonces si desvío la mirada
hacia el fondo, 
inquieta por lo que allí te espera, 
te diré que no puedo compartir mi dolor, 
que el viento me lleva a otro sitio,
que el silencio es el único lugar
en el que me quedan palabras, 
que he de soltarte
para poder cogerme, 
que me voy, amor, 
que te quiero y que me voy queriéndote
para no quererte nunca más
y olvidar las montañas, 
y los sauces, 
y las telas de araña
y tu cuerpo frente al daño
que me espera ahora en otros lugares.

Y así, con el dolor de lo inevitable, 
recogerás con el dedo la misma lágrima
que hoy me quitas
y volverás a dejarla sobre mi rostro,
esta vez 
en la otra mejilla.

La soledad es mirar a unos ojos que no te miran.




domingo, 12 de julio de 2015

Sputnik.

Incluso al otro lado existe el mar.

¿Qué diferencia hay entre
el viento y un suspiro de tu boca?
¿Qué puede darme la tierra que
no haya visto ya sobre tus manos?
Si no hubiera cielo que mirar,
¿sería capaz de enamorarme?

Insisto:
incluso al otro lado existe el mar.

domingo, 29 de marzo de 2015

Distintas formas de callar de igual manera.

El silencio es la pausa
que precede al rugido.

El nuestro
-un silencio compartido lleno de eco-
 es ya un idioma en extinción,
no hay grito que lo devuelva a la vida
ni boca que lo reconozca.

Es mejor así,
pero a veces vuelvo al lugar donde exilié tu voz
y me cuesta regresar
ilesa.
Dejar mis recuerdos en otro sitio
es abandonar
palabras que no se volverán a pronunciar.

Aquí dentro,
el silencio es un hueco inhabitable.




martes, 10 de febrero de 2015

Rosa y Marie.

Por Rosa.
Por Marie.
*


No volveré contigo a casa
ni dejaré flores a los pies de tu cama,
y cuando preguntes «¿qué pasó?»
te dirán que el viento fue más rápido.

Querrás correr hacia un lugar en el que no me conozcas,
tener unos pies
que desanden los andenes que pisamos a la vez,
arrancarte mis caricias
de los huesos,
decir otro nombre cuando tu boca me extrañe tanto que todo te
sepa a sal
y tengas tanta sed como miedo:
tu desierto estará lleno de puertas.

¿Lo entiendes?
La música será solo ruido
y ya no podrás ponerle mi nombre al silencio
para darle voz.
Tu despertar será una nota
a destiempo.
Tu sueño,
un duelo contra ti misma.
El tiempo,
un reloj parado.

No te asustes:
sentirás que el mar es tu única
herida
porque ninguna otra salida será capaz de
abarcar tanto desahogo.
Pensarás que merezco el ardor
porque una vez fui fuego
en tus pupilas
y ya no puedes deshacerme.
Soportarás mi peso sobre tu
espalda como un último intento de alcanzar el sueño.


Tú suplicarás un alto al fuego.

Yo estaré tan viva que tus recuerdos
me olvidarán.




Mi amor,
yo me iré
y tú sabrás cuidar las flores
que ya no te regale,
escribirás sobre todos mis huecos
cuando descubras
que mi peso reside en el aire que mueves en las calles
y en las comisuras alzadas de tu boca
y en las cosas que aprendas sin mí.

Te levantarás sin mi mano
y el suelo no volverá a extrañarte,
y entenderás
que mi ida solo fue un empujón a la espalda de tu vida:
sé uno por los dos.

No te asustes:
volverás a descubrir el sueño
detrás de las flores
y conseguirás ser la luz de tu futuro.



Tú volverás a mirarte en el espejo
mientras alguien te lame mi herida.

Yo me quedaré en tus ojos
y en la punta de tus dedos
y en todas esas cosas que dejes de recordar.



Así será.
Yo no estaré.
Tú, pronto, te irás.
Pero siempre seremos uno el tiempo que dure el recuerdo.





* Semilla del poema.

domingo, 4 de enero de 2015

Libre.

Quería que supieras
que mi daño es algo que solo elijo yo.

Que me dejo mecer por tus empujones
como si fueran viento que me coloca lejos de ti
porque todas mis puertas están abiertas
y yo soy libre.

Que el odio
es el disfraz de una piel, el reverso de un cuerpo,
y desde otro lugar
tu cara se intuye del revés,
perdida,
y no hay nada peor que sentirse olvidado
dentro de uno mismo.

Que tus intentos de quebrarme el paso
solo consiguieron hacerme pisar más fuerte,
y cuanto más lejos te colocas
más cerca estoy de mí misma.

Que quisiste taparme los ojos
y hundirme,
pero mi mirada está más cerca del mar
que de tu suelo.
Y te lo repito:
soy libre.

Que solo aquel que entiende mi silencio
merece mi palabra,
y tú hace tiempo que dejaste de comprender
que lo que difiere entre un hogar
y un sitio al que volver
es la puerta abierta.
Tu puerta cerrada
es la entrada a mi casa.

Que quisiste quitarme todo
y te quedaste sin mí.

Que mi risa fue tu risa
y nuestras lágrimas fueron una,
pero dejaron de hablar el mismo idioma
cuando tus carcajadas
fueron balas contra mi pena,
cuando tu tristeza
arremetió ahogada contra mi alegría.

Que siempre colocaré la verdad
frente a mis huellas,
que no daré respuestas
a quien no acepta mis preguntas,
que no iré a aquel lugar
en el que no me reconozca,
que no daré la mano
al que me señala con el dedo.

Que nunca me perdiste:
dejaste que me fuera,
que es la peor forma que existe de abandono
-para el que se queda.
Y ese será tu mayor castigo.




Pero no,
no diré nada que enturbie mi paz, 
que moleste la duna calmada 
que reside en mi conciencia.

Mejor me voy
sin decir nada que no sea un espacio hueco
-lo que te mereces: nada-, 
porque irse en silencio hace más ruido
que cualquiera de tus quejas.

Y yo ya he pasado de canción.