miércoles, 16 de noviembre de 2011

Si me inspira, me hará daño. Las musas no saben expirar.

Ella era ese tipo de chica a la que no le interesaban lo más mínimo los momentos felices, sonreír todos los días o vivir el amor. De lo único de lo que estaba enamorada era de las historias de desamor. Su vida se completaba con sonrisas del revés. Es por ello por lo que yo jamás le interesé. Y es por ello por lo que yo me enamoré de ella.

Y nació entonces el amor crónico. Una historia de solo idas compuesto por cien cicatrices y media. Una vida en la que yo me dejé salvar y condenar por un universo de hoyuelos y ojos azules. Me apuñalé a mí misma dejándome enamorar de su primera sonrisa. Esa que me puedo atrever a asegurar que era más grande que el propio sueño que formaba. Dejé de no prestar atención a los detalles para que pasaran a ser lo único que me quedara al final de la noche. Y rescatarlos, llevármelos a la ducha, plastificarlos bajo la almohada, presentarles a mi otoño. Le escribí frases con el tamaño de letra más ínfimo posible, no quería asustarla. Rescaté historias en las que yo rellenaba sus lunares con la espuma del cappuccino y ella me pedía al despertar que le abrazara fuerte por la espalda porque quería seguir soñando. Me hice coprotagonista de mi vida una vez que le invité a entrar en ella. Llené el mundo de lluvia con mil bailes entre sus rodillas. Jugué con sus dedos, con su cuello, con sus costillas, hasta que logré deshacerlos y convertirlos en los pergaminos con los que sueñan los náufragos. Ella era tan pequeña, tan frágil, que era imposible no enamorarse. Y así se convirtió en mi París, en mi café de media tarde, en mi tormenta de octubre, en mi corazón en la garganta, en mi nostalgia y melancolía infinita, en mi dolor de pecho. Y a cambio le ofrecí una manta donde sus pies no sobresalieran, una mano que sentir cuando en un tren la multitud pudiera dañarla y dos mil motivos para sonreír por la mañana. No le pedí que me curara, no busqué que me salvara. Solo quise enamorarme de ella.

Y yo le miré y le dije que lo único que buscaba era un dolor que llevara su nombre. Qué le voy a hacer si solo sé alimentarme de tristeza. Y ella se hizo una coleta y se ofreció como musa. Porque solo es musa si duele. Y yo solo la querré si me hace infeliz.

13 comentarios:

Xampi82 dijo...

Es curioso. El otro día escuché la canción y pensé que me gustaba. Ahora acompañarla con tu texto es todo un placer. Enhorabuena y gracias.

Ire dijo...

Joder, es precioso. Me gusta lo de: me hice coprotagonista de mi vida una vez que le invité a entrar en ella.
Bueno, me gusta todo muchísimo, pero eso especialmente.
Un abrazo grande :)

Ire dijo...

Joder, es precioso. Me gusta lo de: me hice coprotagonista de mi vida una vez que le invité a entrar en ella.
Bueno, me gusta todo muchísimo, pero eso especialmente.
Un abrazo grande :)

Ire dijo...

Joder, es precioso. Me gusta lo de: me hice coprotagonista de mi vida una vez que le invité a entrar en ella.
Bueno, me gusta todo muchísimo, pero eso especialmente.
Un abrazo grande :)

Ire dijo...

Joder, es precioso. Me gusta lo de: me hice coprotagonista de mi vida una vez que le invité a entrar en ella.
Bueno, me gusta todo muchísimo, pero eso especialmente.
Un abrazo grande :)

Ire dijo...

Joder, es precioso. Me gusta lo de: me hice coprotagonista de mi vida una vez que le invité a entrar en ella.
Bueno, me gusta todo muchísimo, pero eso especialmente.
Un abrazo grande :)

Ladrón de Guevara dijo...

Lo que más me jode es que cada vez que te leo entiendo un poco más las verdades que duelen, las frases desgarradoras y el amor oculto tras el desamor.

Como siempre, y no por repetirlo dejará de ser verdad, tus escritos me dejan el sabor que boca del buen vino.

Cuídate.

NiñaCojín dijo...

No sé ni qué decir. Desde allí no se escucharán mis aplausos.

Aileen dijo...

Ay saudade, chica hoyuelos, la de la obsesión por los corazones rotos. Si llevase la cuenta de las veces que me lo rompes a mi...
(Y no me llames maricona por quererte y decírtelo.)
Pues eso, chica apetecible, que te quiero.

Luis Ángel Díez Lazo dijo...

Yo le miré y le dije que lo único que buscaba era un dolor que llevara su nombre.
Como resumen es fantástico, pero el resto de la historia es para saborearla despacio.
Gracias.

Roberto San Martín dijo...

Eres muy buena...eres conmovedora. Yo solo puedo decir GRACIAS!!

Kami dijo...

Como ha dicho Roberto, eres muy buena. He leido muchas entradas tuyas,y te doy mi más sincera enhorabuena. Consigues atraparme entre tus letras, haces que vuele y que me estremezca con cada sentimiento que describes. Transmites mucho a traves de tus palabras. Así que te pido que no dejes de escribir, se te da muy muy bien. Espero que a ti te guste hacerlo,supongo que sí. Me encantaría que actualizases más. Es tan bueno leerte..!
Un beso enorme, espero que te vaya bien!

El Chico del 13. dijo...

Solo puedo decirte que escribes de una forma impresionante, me encanta. Transmites los sentimientos a la perfección, y sabes como hacerlo. Ojalá publicaras mas a menudo :)