lunes, 17 de diciembre de 2012

Nos creímos canción y no tuvimos final.

Suena.

¿Recuerdas
cómo se llenó el mundo de poesía
cuando hicimos el amor?
Parecía
que en vez de besarte
te escribía versos en la boca.


¿Lo recuerdas?
No sé si leía poemas
o eran mis manos las que te leían a ti;
si aquello
era un crescendo encadenado
de mi pecho a tus labios
o si es que de repente
mi vida comenzaba a rimar.
No sé,
no consigo distinguir
si aquello que hicimos fue el amor
o darle la vuelta a los puntos finales;
si fueron versos libres
los que se escondieron entre tu pelo
y mi vientre
o eran mis dedos
y tus caricias
y por eso yo ahora no puedo terminarte
los poemas;
si esa noche no fue tu mano lo que me diste
sino papel y lápiz y tu espalda,
si no fuiste tú la que temblaste
y empapaste mis manos,
sino el amor desnudo en un papel.

Igual
es que estás hecha de palabras;
eso explicaría
lo fácil que resulta nombrarte en todo lo que no existe.
Me creería, entonces,
que estés en tantas letras
como musas se han escrito,
y que no podamos pasar página
porque no hemos terminado de escribirnos.
Entendería, ahora,
después de conocerte,
el sentido de los silencios,
porque silencio
es eso que hay tras tu voz.
Comprendería, por fin,
mi fracaso
al intentar olvidarme primero de tu nombre
y después de nada más,
porque no existe el después a tu olvido.

Ya sabes,
hacerte el amor es como empezar una frase...
y terminarla.


Recuérdalo,
fue como si
el techo de tu habitación
se llenara de pronto de nubes
y tú y yo,
ahí abajo,
volando,
tan ausentes
a todo lo que no fueran
nuestras alas
-quiero decir,
nuestras bocas-;
justificándonos al margen izquierdo de tu cama,
dando la vuelta a las sábanas
y a nuestros cuerpos
para no dejar ni un centímetro
sin (des)cosernos;
abriéndonos tanto
que perdimos la consciencia
y nos caímos
una dentro de la otra
-te prometo que no miento
si te digo
que nunca me he sentido más llena
que cuando me caí dentro de ti-.


Acuérdate
de cómo el mundo, por fin,
se convertía en una mentira
y nosotras éramos la única verdad.
De cómo nos besábamos,
como si tuviéramos toda la vida para hacerlo,
como si supiéramos
con total certeza
que el último beso sería como el final de las canciones
y no llegaría jamás,
como si besándonos
consiguiéramos quedarnos allí,
juntas
-fueron tantas las ganas
de comerte a besos
que es imposible
que este hambre se pase-.
Acuérdate
de cómo vencimos al sol
bailándonos,
estallando todas las letras del abecedario,
las ocho notas de la escala;
de cómo,
entre gemido y gemido,
te llené la lengua de palabras en el viento;
de cómo,
entre gemido y gemido,
me llenaste el vientre de canciones bajo la lluvia.


Acuérdate,
recuérdalo,
Lo difícil
no es olvidarte,
es querer hacerlo.
Lo fácil
no es recordarte,
escribirte,
imaginarte,
soñarte.
Lo fácil
son estas ganas
de querer
volver
a
tenerte.

Por eso tienes que acordarte,
y recordarlo,
y no olvidarlo,
y pensar que una noche
fuimos tan libres
que se nos quedaron los labios salados
y los ojos empañados,
como si lloviera hacia arriba
y se nos despeinara el pelo
y cerráramos el paraguas para ahogarnos
-no habrá mejor tormenta
que la que sucedió en mis ojos
cuando te besé por primera vez-.
Como si querernos
fuera como nadar en el océano:
algo tan inmenso como imposible.


Por eso,
acuérdate,
recuérdalo.
Porque recordarnos
es lo único que podemos hacernos.

5 comentarios:

Alejandro de Guezala dijo...

" lo fácil
son estas ganas
de querer
volver
a
tenerte"

que maravilla.... es increible como escribes! :)

Suso dijo...

Uf, he llegado seducido por el titulo y me quedo hipnotizado con el texto. Excelente, impresionante y prometo que no soy de halago fácil.
Un abrazo

Sorl4c dijo...

Precioso.

"Hache" dijo...

Estoy enamorada de todas las entradas de tu blog, me encanta leerlas despacio y que me transmita todas las sensaciones y emociones que has plasmado en cada verso. Espero ser capaz algún día de transmitir con mi letra de la misma manera que lo haces tú, de verdad, no dejes de escribir nunca, me pareces increíble.

Anónimo dijo...

De que libro es?