viernes, 21 de marzo de 2008

El color de tu sombra

Eres tremendamente difícil de olvidar... Estando, sin estar, mirando, sin mirar. Tu voz encauza a mis palabras aunque no suene, tus ojos conducen a mis pies aunque se cierren. Eres como esa calle a la que quiero llegar, allí donde se muestra tu presencia dispuesta a abrazarme sin final. Sólo quiero rozarte sin miedos, sin prohibiciones; sólo quiero que me roces sin temores, sin ambigüedades. Desearía que pudieras ser infinitamente palpable, eternamente volátil, plausiblemente azulada. Desearía que dejaras de ser deseo y fueras un sueño ficticio, como el sabor de tus mejillas y el olor de tu silencio. Desearía todo contigo y desearía que tú fueras conmigo. Desearía que la palabra sueño dejara de seguirte para unirnos a las dos en uno eterno.

miércoles, 19 de marzo de 2008

Oh, Lucy

Has sido como un susurro del viento frío sobre una piel desnuda, un grito en el silencio de un alma torturada, un sonido en la quietud del tormento, una mirada en un mundo ciego. Todo reducido a un día, todo dibujado en un beso. Tu mano en mi mano, tu abrazo en mi cuerpo, tus labios en los míos... Me has enseñado el cielo en tu rostro, los sueños se instalaron entre tu boca y la mía y tus ojos me dieron lo que no quise pedirte pero que tú me regalaste. Te echaré de menos, Lucy, como tu voz me contó. Regresaremos, y el cielo volverá a instalarse entre nuestros labios.

martes, 18 de marzo de 2008

El sorbo de un café

Debí suponer que terminarías volviendo a aparecer. Oculta en una sonrisa, tal vez sonando en una nota al piano, quizá escondida entre las nubes o en el viento, o puede que dormida entre algún sueño. Volviste a mí de la manera más plausible: erizando mis sentidos y congelando mi tristeza; deshaciendo mi mirada al contacto con la tuya y dibujando el perfil de tu mano sobre mis dedos. Volatizaste tu ida e hiciste ficticios tu sonrisa, tu media vuelta al marcharte, el roce de tu mirada sobre mi cuerpo, el conjunto de susurros y suspiros, y el eco de tu risa. Me invadieron junto a tu sombra y ahora me reclaman, me regalan tu nombre y me prestan la curva de tu presencia.
Volviste.
Volví.

jueves, 13 de marzo de 2008

Viaje infinito

Escucho la sinfonía que desprende tu sonrisa y me empapo del aire que se crea entre nosotras. Algo ya palpable, rodeado por mis manos y acariciado por las tuyas. Comienza a estacionarse el infinito entre nuestros cuerpos, que sin rozarse se abrazan sin soltarse. Quiero susurrarte al oído lo que creas al sonreír cuando oyes mi voz; lo que siento cuando mi mirada se encuentra a la tuya y ésta se mantiene hasta la última respiración, refugiándome en su iris y completando mi existencia. Creo morir cuando no hay palabras en mi boca y sólo se encuentran tus ojos y los míos, cuando un ligero temblor sacude nuestros cuerpos y sólo hay lírica en nuestros alientos. Pero subsisto con tu olor, mi aire y el viento que evoca saudade.

jueves, 6 de marzo de 2008

Serenata

Plausiblemente, me encauzas en la melodía de tu mirada. El brillo de tus ojos me salpica, me empapa de un color cada vez más lírico Tu presencia eminente y mi sombra anhelante se fusionan en el vaho de tu olor. Y a tu cuerpo, impreciso en su suspiro, quiero enlazarme. Volatizarme en su piel, ser etérea bajo su abrazo ocre, respirar sólo mientras me toca... Ser una; hacer que nuestra mirada se vuelva infinita.

domingo, 2 de marzo de 2008

Ocre azulado

La recuerdo con el viento azotando su cara, volatizándose con el aire. Su cuerpo caminaba al son del silbido que la perseguía por las calles, mientras su risa se dejaba caer por las esquinas de los parques olvidados. El frío hacía llorar sus azules ojos que se volvían océanos que arrasaban miradas, mientras su piel se zambullía en el calor de su susurro. Su mirada acariciaba cada suspiro que le llegaba, como si fueran sus dedos los que rozaran aquel momento infinito. Yo la observaba sin respirar, temiendo que, al atravesar su camino mi respiración, ella se desvaneciera con el aire...

sábado, 1 de marzo de 2008

I remember the sound

Tu ausencia determina mi presencia. El abrazo de tu sonrisa se vuelca en mi cuerpo que se vuelve trémulo con una palabra de tus labios. El aire externo me golpea, tu aliento me balancea sobre tu piel y mi mente se pierde en los recovecos que la melodía de tu voz deja en su camino. Yo sólo puedo quedarme quieta contigo delante, mirándote, adueñándome del eco de tu risa, aprendiéndome el nombre de tus lunares, acariciando tus roces con mis ojos, suspirando a tus susurros que se quiebran al sentirme a tu lado, queriendo tu espalda desnuda en la mía. Amándote.