martes, 23 de julio de 2013

Oh Dios.

[Odio
casi como quiero.]

Odio que llueva
y que el sol evapore los charcos
y el calor seque mi cuerpo
sin dejar espacio al frío.

Odio alimentarme de restos
de todo lo que fue:
moribundos,
insaciables,
apenas laten pero resuenan como vivos.

Odio el frío:
solo es una excusa
para llamar a tu abrazo,
odio
llorar
sin poder contártelo
-como quien se masturba
en soledad
y sin fantasmas-,
odio dormir por inercia
y no por agotamiento.

Odio
mi falta de presencia ante los destellos,
esta incapacidad mía
al intentar atrapar las estrellas fugaces
y obligarlas a quedarse,
repeler
todo aquello que signifique abrazarme
por si me daña.

Odio
poder decidir sobre mi muerte
mientras la vida aparece y desaparece
cuando le da la puta gana.

Odio
desconocerme cuando recupero mi pasado
-estoy hecha
de un bucle que rechazo y repito-.


Odio
tanto
que no sé odiar.



[Odio
muchas cosas.
Pero a ti no podría odiarte.

Porque odio
casi como quiero.

Y contigo
siempre he sido
a doble
o nada.]

4 comentarios:

Diego Solís dijo...

Precioso, imposible amar sin odiar, imposible odiar sin amar. Así es la poesía. Así es el amor. Genial.

lunáticasuicida dijo...

Cada día me encanta más cómo escribes.

Anónimo dijo...

Haznos a todos un favor y nunca dejes de escribir! Me encanta desconectar de la realidad leyendo tus palabras. Simplemente brillante!!

P. dijo...

Qué bueno. Repito, qué bueno.