La recuerdo con el viento azotando su cara, volatizándose con el aire. Su cuerpo caminaba al son del silbido que la perseguía por las calles, mientras su risa se dejaba caer por las esquinas de los parques olvidados. El frío hacía llorar sus azules ojos que se volvían océanos que arrasaban miradas, mientras su piel se zambullía en el calor de su susurro. Su mirada acariciaba cada suspiro que le llegaba, como si fueran sus dedos los que rozaran aquel momento infinito. Yo la observaba sin respirar, temiendo que, al atravesar su camino mi respiración, ella se desvaneciera con el aire...