lunes, 1 de abril de 2013

Andrea.



Ella es uno de esos ángeles
que empeña sus alas
para poder bajar al mundo real cada día
para que no olvidemos que la magia existe.

Pasea pensando que nadie la mira, 
se sonroja cuando alguien le dice a ella
todo lo que ella dice a otros,
dice que no sabe llorar,
tiembla cuando el amor la sacude, 
cree que en sus ojos solo caben despedidas
y no personas, 
quiere hasta que se desgasta
y cree en todo lo que no existe.

Pero yo he sorprendido
a Madrid dándose la vuelta para aplaudirle; 
he leído a más de un poema
escribir sobre su forma de acariciarse el pelo
y hablar en susurros;
he visto al cielo llover por ella
-y para ella-
cada vez que ha necesitado llorar; 
he mirado a su pecho explotar como un volcán
y sobrevivir, 
a pesar de los temblores; 
he admirado cómo a pesar de todos los adioses
que cargan sus manos,
y que le pesan, 
le pesan tanto como una semana llena de lunes, 
jamás agacha la cabeza,
porque le puede más su ventrículo izquierdo
que el lastre de las ausencias;
la he visto recomponerse
con sus propias manos, 
como quien hace un castillo de arena
de sus heridas
para que solo vuelvan cuando suba la marea
pero para que siempre se marchen de nuevo;
y también he sido testigo
de cómo todo se volvía cierto y real en su boca, 
que es imposible no creerla, 
que si ella te dice que el amor sí existe, 
tú abres tu corazón sin dudarlo, 
y ya está, 
que no hay imposibles cuando ella los dice.


A veces la miras
y no sabes si te ves a ti con cinco años
jugando en el parque, 
montando a lomos de un caballo imaginario, 
esperando a los Reyes Magos con los ojos como platos, 
saltando sobre todos los charcos,
hasta sobre los que no existen
-porque cuando una niña está sucia 
es mucho más bonita-, 
sonriendo de medio lado
guardando entre su pelo
varios metros de cuentos
de esos que en vez de dormirte
te mantienen despierta toda la noche.

Otras veces
la observas y ves tu parte valiente, 
la que resiste igual de viva
en un desierto que en una inundación, 
la que espera sin desesperar, 
la que cree y no se rinde
-porque ella todas las batallas
las resuelve a besos, 
y así no pierde nunca-, 
la que quiere
mirando a los ojos
y siempre, 
siempre está ahí.



Si la vierais, 
si la conocierais, 
entenderíais de qué hablo.

Cómo decirlo: 
imagina la vida como si fuera un pilla-pilla
contra los rivales del otro equipo del colegio.
Pues ella es casa.

9 comentarios:

.A dijo...

ella es casa.. porque con ella todo esta bien , es todos los amaneceres y puestas de sol..

Oski dijo...

Sin conocerla, casi sientes que puede curar heridas.

Precioso y merecido poema.

Un abrazo.

Aileen dijo...

Eres increíble saudade, eres mi nostalgia preferida, aunque prefiero que esta no lleve tu nombre. No hay ausencia que me de más miedo que la vuestra. Os quiero a los dos cerca todo el rato que se pueda. A pesar de todo, además de todo, con y contra todo, si os tengo de este lado de la calle, de mi parte. Y si no, si alguna vez os da por cruzar, pienso obligar a todos los semáforos a ponerse en verde, y no tardaré en correr a donde quiera que sea que crucéis.

Ladrón de Guevara dijo...

Si alguien me escribiese un poema o un texto así, por mi cumpleaños, me destrozaría todos los escudos.

Grande Saudade.

Cuídate.

Andrea Breq dijo...

Y no recuerdo cómo ni porqué llegué hasta aquí, pero me llevo una sonrisa puesta y el corazón agitadillo de palabras 'prestadas' sin querer...

Un abrazote,

A.

Marta López Galindo dijo...

Madre mía, no tengo palabras para expresar lo que me ha encantado leer tus lineas.
Espero que sigas escribiendo, y plasmando todos tus pensamientos y sentimientos, como ya sabemos las palabras desnudan el alma. Volveré a pasarme por aqui pronto, no dejes de escribir(nos).
Aquí te dejo mi blog para que te pases por ahí y me cuentes que tal: www.kamikazeporeso.blogspot.com
Cuitate. Besitos.

Alba dijo...

Algunas noches entro en tu blog, siempre me gusta leerte a estas horas, me dejas un buen sabor para entrar en el sueño.
Sigue escribiendo, necesitamos mas poesía en este mundo.

Ceniza. dijo...

Saudade, sólo quería decirte gracias por escribir esta poesía, ya que es mi preferida.Ojalá pudiese conocerte algún día y recitarla juntas, porque como han dicho otras personas, eres mi nostalgia favorita y con tus poesías me puedo desahogar.

Gracias por lo que haces.

Andisune dijo...

Andrea..